El voto del conde de Montecristo (Gabriel Magalhães)

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(Escritor portugués)

Muchos europeos de a pie sienten que los han metido, quizá de por vida, en un calabozo. Se trata de una mazmorra al aire libre porque el paro y el dinero muy contado en los bolsillos son cosas que se pueden caminar por las calles de una ciudad. Pero esos pasos que los cautivos contemporáneos dan por las plazas se parecen a los que dibuja un presidiario en su celda intentando conservar la cordura. Hay europeos de a pie que se sienten, en suma, como el conde de Montecristo: injustamente encerrados en un cuchitril existencial, debido a una conspiración tramada por los poderosos de este mundo.

Y han decidido vengarse. Lo han hecho usando el tesoro de su voto, que no es, como sabemos, pequeña riqueza. Los resultados de las elecciones europeas han revelado un tortuoso sentido del desquite que sólo se explica por el largo sufrimiento que lo provoca. Un dolor amordazado con el trapo del déficit y ahora con el bozal de la recuperación económica, que es algo que está ocurriendo por arriba, pero no por abajo. En fin, algunos europeos han decidido adentrarse en el laberinto sinuoso de las venganzas rencorosas.

En el caso portugués, al líder del Partido Socialista, António José Seguro, el electorado le ha dado un triunfo que, en realidad, funciona como una derrota. Es como si lo hubieran transformado en un rey de carnaval. Fue doloroso verlo aparecer, en la noche electoral, proclamando victoria mientras lucía su corona de cartón dorado y su cetro de mentirijillas. Muchos de sus compañeros de partido le brindaban esos aplausos flojos, de cumplido, que en caso de necesidad se pueden volver del revés.

Hungría: el fascismo que hubo y el que viene (Nacho Segurado)

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En una cándida página oficial dedicada a explicar la UE a los niños, se dice que Hungría es uno de los mejores lugares del mundo para observar las aves. También se explica qué es el gulasch y que Houdini y el cubo de Rubik son tan húngaros como el Danubio. Está muy bien, tampoco es necesario asustar a la infancia con el auge de la extrema derecha, el rebrote de antisemitismo y el cercenamiento de la libertad de prensa. Pero como este blog lo leen –¡si lo leen! – personas adultas, voy a encararme un poco con todo aquello.

Se habla poco de Hungría. Tras las elecciones al Parlamento Europeo –en las que hubo casi un 80% de abstención y Jobbik se constituyó en la segunda fuerza política– no he leído en los grandes medios muchas menciones a este país que, como Polonia, hace diez años que se incorporó en calidad de Estado miembro, pero cuya deriva populista, liberticida y desafiante con las normas básicas de la Unión, trae de cabeza a Bruselas. Como lo rebautizara hace un año El País en un ejemplar reportaje: Hungría, el hijo díscolo de la UE.

En los comienzos de este blog os referí, de pasada, la biografía de uno de los líderes de Jobbik, también denominado Movimiento por una Hungría mejor. Un partido racista, antisemita, cuya cabeza visible, Gábor Vona, es un joven atildado, instruido y provocador. Por aquel entonces, octubre de 2013, se cumplían diez años de la fundación del partido, que tiene a bien ensalzar sin pudor la obra de Miklós Horty, el militar que gobernó al modo fascista el país hasta casi el final de la Segunda Guerra Mundial.

Juan Manuel Santos. Los retos del (reelegido) presidente de Colombia (Albert Traver)

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La reelección de Santos avala el proceso de paz con las FARC

La izquierda da la victoria al presidente conservador colombiano

"El mensaje de hoy es también para las FARC y el ELN, y es un mensaje claro: esto es el fin". Son las palabras del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, tras ser reelegido con el 50,95% de los votos, seis puntos por encima del opositor Óscar Iván Zuluaga, discípulo del presidente Álvaro Uribe (2002-2010), que obtuvo el 45%.

Vicente Romano, el profesor que nos enseñó la comunicación y el socialismo (Pascual Serrano)

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Quiero pensar que está en compañía de Bertolt Brecht, firmes y disciplinados como buenos comunistas, pero siempre burlándose y rebeldes ante todo el que les quiera gobernar sin justicia

La noche del pasado viernes nos dejaba Vicente Romano, doctor en Ciencias de la Información por la Complutense de Madrid y doctor en Comunicación social por la Universidad de Münster (Alemania), pero sobre todo, para muchos, ese gran maestro de la comunicación que nos enseñó a ver con nuestros propios ojos. A dudar de la versión dominante, a pensar con crítica e independencia. Como debe hacerlo un sólido y coherente comunista como lo que él fue.

Y todo eso con una vitalidad y una alegría que nos contagiaba a todos. Una de las paradojas de las universidades es que fuimos coetáneos en la Facultad de Ciencias de la Comunicación en Madrid, él como profesor y yo como alumno, pero nunca me dio clase. Sin embargo, luchas, causas y principios comunes me han permitido, con toda seguridad, aprender de él mucho más que algunos alumnos a los que la normativa universitaria les dio la oportunidad de tenerlo como docente. Comencé a trabajar, o debiera decir a aprender, o mejor dicho a disfrutar, de Vicente Romano el año 1992, cuando, siempre a contracorriente, un “comando” armado sólo de la palabra, nos dedicábamos a desmontar la campaña oficial de bombo y platillo del gobierno municipal sobre el Madrid Cultural del 92, por entender que sólo eran unos fastos sin contenido. Aquello lo hacíamos en un antiquísimo apartamento de un centenario e histórico edificio, donde tenía su sede en la capital de España la Fundación de Investigaciones Marxistas. Fue entonces cuando pude comprobar el privilegio que disfrutaba por poder tener de profesor y compañero a Vicente.